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Rodríguez Saá fue a la
CGT y anuló el recorte a jubilados |
Hizo el anuncio ante un
auditorio sindical eufórico. También adelantó que desactivará la
ley de reforma laboral, que provocó escándalo en el Senado. Y
vaticinó un aumento del salario mínimo.
En su cuarto día como presidente de la Nación, Adolfo Rodríguez
Saá fue, vio y venció en la mismísima CGT, donde ayer lo recibió
una dirigencia sindical que le festejó cada uno de sus anuncios
con largas ovaciones y con la liturgia justicialista que se
creía olvidada.
"Vivan los trabajadores, viva la CGT", devolvió gentilezas
Rodríguez Saá a un público que lo trató como a un Presidente que
vino para quedarse y no como alguien marcado por el signo de lo
provisional.
El nuevo mandatario argentino buscó deliberadamente que su paso
por la central obrera —que registró un nivel de asistencias
perfecto— no tuviera la forma de un trámite protocolar. Sólo hay
que repasar la cantidad —y la trascendencia— de los anuncios que
hizo ayer Rodríguez Saá:
· Dijo que el Gobierno restituirá el "injusto" descuento del 13%
a los jubilados que había instrumentado la administración
anterior. Sobrevino un griterío de aprobación que hizo creer a
muchos que la reparación incluía también a los estatales que
sufrieron una poda salarial de idéntico porcentaje. Pero no fue
así.
· Presentó la tercera moneda, que nacerá en enero bajo el nombre
de "argentino". Dijo que permitirá "reactivar la producción
nacional, generar empleo y empezar a reconstruir la Argentina".
Los "argentinos" servirían para restituirles la quita que
sufrieron los jubilados y para pagarles a los agentes públicos.
· Para contestarles a los críticos de la nueva moneda, aseguró
que los "argentinos" estarán respaldados con todos los bienes
inmuebles y tierras fiscales propiedad del Estado: palacios,
casas, residencias, la Rosada, el edificio del Congreso y todas
las embajas que tiene la Argentina.
· En medio de vítores, dijo que la ley de empleo votada en la
era De la Rúa tiene los días contados. Es más: sostuvo que esa
reforma laboral, la del affaire de las coimas, fue el fruto de
"maniobras oscuras".
· La algarabía de los gremios llegó a uno de sus picos cuando el
Presidente ratificó que se iba a convocar al Consejo del
Salario, para aumentar el salario mínimo, vital y móvil, anclado
en 200 pesos. La idea oficial sería llevarlo a 450.
· También prometió enviar al Congreso un proyecto estableciendo
un tope a las jubilaciones de privilegio, que serán del 82%
móvil de sueldos que, en ningún caso, superarán los 3 mil pesos.
Mientras duró la estadía de Rodríguez Saá en la sede de Azopardo,
el titular de la CGT, Rodolfo Daer, y el jefe del ala disidente,
Hugo Moyano, se desvivieron por hacerlo sentir como de la casa.
"El movimiento obrero está a su disposición", le dijo el
camionero al abrir el acto.
Pero una vez que el Presidente abandonó el edificio de la CGT,
Daer y Moyano coincidieron: "El movimiento obrero no le da
cheques en blanco a nadie".
Los sindicalistas tentaron al Presidente con una visita a la CGT
el domingo pasado, cuando concurrieron a su encuentro en la Casa
de Gobierno. "Sería bueno que expliques tu plan de empleo en la
casa de los trabajadores", le habían dicho.
Ayer a la mañana, cuando cobró fuerza entre algunos influyentes
del Gobierno que no era la idea más feliz que el Presidente
fuera "al pie de los gremios", el dúo Daer-Moyano, rapidísimos
en estos menesteres, decidió ir a la Casa de Gobierno para hacer
de escoltas de Rodríguez Saá, en un viaje de un kilómetro.
Encajado en uno de esos trajes un talle menor de lo aconsejable,
Rodríguez Saá y su camisa blanca empapada reflejaban la bravura
de la sensación térmica cuando llegó la hora de largar con los
discursos. "No entro en detalles ahora para no volver a decir lo
mismo dos veces", dijo el Presidente a los "gordos" y rebeldes
que a su ingreso se lo llevaron al cuarto piso de la CGT para
una reunión "chiquita".
El Salón Felipe Vallese explotaba de gente y de cantos hirientes
contra De la Rúa, Cavallo y la UCR. Todas las líneas internas
estaban representadas. "Olé, olá, los radicales no gobiernan
nunca más", coreaba un auditorio con las caras de siempre y
muchas otras infrecuentes, incluido un importante público
femenino.
El Himno, el minuto de silencio por "Perón, Evita y los muertos
de la represión de la semana pasada", la marcha peronista. Tres
secuencias que dieron pie para el arranque del plenario. Daer
clamó por "no más ajustes". Moyano lo siguió con un consejo para
tomar con pinzas: "Tenemos que rodear al Presidente". Rodríguez
Saá parecía más atento al espectáculo de la platea; el
movimiento de sus ojos lo delataba.
"¿Qué hago, me paro?", le preguntó el Presidente a Daer cuando
llegó su momento de hablar. El despegue de la silla le valió la
primera ovación. De entrada dijo que no eran tiempos de palabras
sino de hechos, lo cual no le impidió hablar media hora.
"Adolfo, el pueblo te cree", lo interrumpió una voz no
identificada cuando prometió abrir la "agenda social" como uno
de los rubros principales de su plan de gobierno, al que
calificó de "fantástico".
Un rato después, cuando ya todos se habían ido, los
sindicalistas armaron una mateada y se felicitaron por lo bien
que había salido todo. Eso sí, nadie supo defi nir con certeza
qué camino debería tomar la CGT en la interna del PJ para unas
elecciones en las que nadie cree demasiado.
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RICARDO RÍOS /
www.clarín.com.ar (Argentina), Jueves 27
de diciembre de 2001 |
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