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El de la semana iniciada el 2-D de 2002 ha sido “el paro
general más largo de nuestra historia”, pues los anteriores a
1958 fueron, en su dimensión sindical, huelgas petroleras, como
la de 1936-37 (nada menos que 42 días), o la que la dictadura
reprimió en los primeros días de mayo de 1950, y en su expresión
política la huelga de prensa del 21 y el 22 de enero de 1958,
que se extendió a algunos puntos de Caracas y precipitó la caída
de la dictadura en la madrugada del 23.
En cambio, los paros o huelgas generales que como respuesta se
dieron a los alzamientos de Castro León (22-23 de julio de 1958)
y de la Policía Militar (7 de septiembre) no pasaron de 24
horas, convocados ambos por el Comité Sindical Unificado (núcleo
de la futura CTV unitaria), Fedecámaras, la Federación de
Centros Universitarios y el Frente Universitario, en estrecha
colaboración con el Sindicato de Radio y Televisión. Asimismo,
la CTV y Fedecámaras, más esos organismos universitarios,
promovieron la huelga general del 20 de abril de 1960, con
motivo de la invasión de Castro León, sólo que esta vez la FCU y
el FU adoptaron una actitud radical no compartida por la central
obrera y la “patronal”. Por tal razón, el presidente Rómulo
Betancourt se negó, sensatamente, a aplicar el “paredón” que
exigía un sector de los universitarios y la izquierda (PCVMIR),
y más bien acentuó la diferenciación histórica con éstos.
Además, como era Semana Santa, “pararse” no ofrecía obstáculos.
1982 marcó un ligero despertar en el sindicalismo cetevista, con
motivo de los contratos colectivos, pero no se planteó entonces
la “huelga general” o el paro cívico, sino conflictos, pues
según Antonio Ríos, una decisión de tal magnitud era riesgosa,
aunque no definitivamente descartada. La paz laboral (o social)
seguía siendo el norte de los gobiernos del bipartidismo y
cualquier disidencia era castigada, como lo fue el triunfo de La
Causa R en Suttis, cuya intervención se llevó años.
1989, con el Caracazo, sacudió al país; y ya en mayo la CTV,
conducida entonces por Juan José Delpino, convocó a un paro
general para el 18 de mayo. Desde entonces, el ambiente se
recalentó. En noviembre de 1991 se habló en la CTV, con apoyo de
las otras tres centrales, de “paro cívico nacional”, pero todo
quedó reducido a pequeños intentos en el interior y a amenazas
en Miranda y en Caracas, provocadores de la reacción de
Consecomercio (Aurelio Concheso).
Y entre febrero y mayo de 1992, debido a los sucesos del 4F, se
planteó una “huelga de prensa”, un “paro nacional” y, con menor
irradiación, un paro de la Marina Mercante. Todo condujo a un
extenso proyecto (¿nonato?) de prohibición de huelgas en áreas
críticas, según documento publicado en El Nacional (4 de
octubre).
Durante el segundo gobierno de Caldera hubo muchos conflictos
sindicales que no desembocaron, sin embargo, en “paro nacional”
o lago parecido, lo que sí ha sido una característica en el
período de Chávez a partir del 10-D de 2002, a veces también
colmado por marchas y concentraciones.
El 10-D fue el inicio del “destape”, cuyo punto intermedio, tan
dramático como violento, resultó ser el 11-A. En efecto, el paro
petrolero cuyo centro de dirección estuvo en Gente del Petróleo,
finalizó con la “marcha a Miraflores”, con las explosiones
binarias “civil-militar” y con el “vacío de podergolpe de
Estado”.
Vinieron así el enfrentamiento del 11 de julio y el paro del 21
de octubre, éste extensamente promovido y cuidadosamente
preparado. Globovisión transmitió en los días anteriores una
serie de documentales sobre la desobediencia civil y la
resistencia pasiva en el mundo. El 16 de octubre Manuel Cova
anunció que el lunes 21 aproximadamente 90% de la masa laboral
se quedaría en casa.
Paro pasivo, pues, como en el primer día lo fue el del 2-D,
convertido rápidamente en activo con numerosísima presencia
callejera en Caracas y las ciudades del interior, con
intervención de la Guardia Nacional en Chuao (Plaza de la
Meritocracia) y con el magno conflicto petrolero en Zulia,
Falcón y Anzoategui.
El 2-D se convirtió así en la mecha de una semana caliente,
peligrosísima y de conclusión indescifrable. La Mesa de
Negociación y Acuerdos quedó en suspenso varios días mientras el
viernes amaneció con noticias bomba: confrontación de los dos
bandos, cierre de autopistas, rebeldía en barcos petroleros,
grabaciones reveladoras, atentados contra dos diarios aragueños
y, léase con ojos bien abiertos, inquietud en la OEA y en el
mercado petrolero.
Finalice cuando finalice, éste ha sido el paro general más largo
y explosivo de nuestra historia.
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