ESTUDIOS DE CAMPO DEL IESA
Las microempresas concentran 53% de la fuerza laboral |
Para Henry Gómez Samper, estudioso
del tema, en Venezuela los gobiernos han visto a la microempresa
como un problema social y no como lo que es: un fenómeno que
derivó de la crisis económica. “Antes, a través del Ministerio
de la Familia y en esta administración mediante instituciones
como el Banco del Pueblo o el de la Mujer”
El IESA (Instituto de Estudios Superiores en Administración),
dedicado al estudio de la administración y sus disciplinas
afines, ha intentado adaptar los conocimientos de tecnología
gerencial que imperan en países industrializados a la realidad
venezolana.
Desgraciadamente, no es una tarea sencilla. La mayoría de los
libros de consulta que están disponibles y se utilizan en los
institutos de administración en América Latina son versiones
traducidas de material norteamericano. Existe un notable vacío
documental en cuanto a experiencias empresariales en la región
latinoamericana. Es una situación desventajosa, particularmente
en lo referido a las microempresas. En América Latina, las
empresas manejadas por una sola persona y creadas con capital
modesto predominan en el parque empresarial. Además, generan
empleo para 53% de la fuerza laboral en Venezuela, cerca de 4,6
millones de personas, según datos de la OCEI, ahora Instituto
Nacional de Estadística. Henry Gómez Samper, profesor emérito
del IESA, PhD en Economía y Administración en la Universidad de
Nueva York, llevó a un plano real estos datos al estudiar las
iniciativas microempresariales en Venezuela a través de la
experiencia de cuatro emprendedores, cuyos proyectos, iniciados
con pocos recursos, han llegado a ser exitosos. Los resultados
de esta investigación, realizada en conjunto con la profesora
Patricia Márquez, son presentados en el libro Alianzas para el
éxito, de Ediciones IESA.
–¿A qué se debe que las microempresas sean el modelo
predominante en el parque empresarial venezolano? –Porque la
gente tiene que comer. Y como no hay empleo, la única forma de
subsistir es inventarlo. La mayoría de las microempresas
venezolanas han sido creadas por quienes inventan un empleo para
poder salir adelante y muchos han descubierto que están mucho
más contentos con los resultados que si estuvieran trabajando en
un empleo fijo.
No todas las microempresas, claro está, son exitosas. Las que lo
han logrado, según la experiencia de Gómez Samper, han sido
creadas por emprendedores. ¿Quiénes son emprendedores? Los que
reuniendo características tan desafortunadas como no tener
acceso a fuentes de capital de riesgo ni protección legal,
intuyen oportunidades viables de negocio que atienden
necesidades cotidianas, reducen el riesgo de su negocio
diversificándolo y asumen el costo de registrar su empresa.
–¿Las franquicias pequeñas clasifican como microempresas? –Quien
maneja una franquicia y la vende no es un microempresario. Pero
a veces el franquiciado, si se trata de un grupo pequeño de
socios o de una sola persona, sí. Hay franquicias pequeñas y la
gente que las sostiene tiene recursos más modestos.
–¿Cuál es el común denominador en los casos exitosos de
microempresas? –El hilo común es que todos son emprendedores,
todos están decididos a sacar su empresa adelante. Si las
condiciones económicas del país cambiasen y hubiera gran
cantidad de empleos disponibles, no estarían interesados. Han
alcanzado la independencia económica.
–¿Cuál es el principal obstáculo? –Que en Venezuela se ha visto
a la microempresa como un problema social y no como lo que es:
un fenómeno que derivó de la crisis económica. Y en parte es
así, porque hay mucha gente que, al no poder conseguir empleo,
monta un carrito de perros calientes. No así en el caso del
emprendedor, quien quiere crear un negocio para obtener su
independencia económica. Gómez Samper sostiene que en Venezuela
las microempresas han sido manejadas por el gobierno como
política social, antes a través del Ministerio de la Familia y
en esta administración mediante medidas como el Banco del Pueblo
o el de la Mujer. Pero la estructura de estas iniciativas
estatales –y es algo en lo que enfatiza- otorgaba créditos sin
intereses y “repartía dinero a diestra y siniestra” sin brindar
la orientación necesaria para que éste fuera fructíferamente
invertido. La microempresa requiere créditos, pero también un
plan de negocios. Los ejemplos estudiados por Gómez Samper
fueron creados por personas sin ningún estudio de
administración, que aprendieron sobre la marcha cómo manejar su
negocio. Las pequeñas empresas, entonces, deberían ser
consideradas más que una respuesta social una manera viable de
impulsar la economía. La microempresa es el corazón de la
economía en otros países desarrollados y puede serlo en
Venezuela.
–En el libro Alianzas para el éxito usted se refiere a los
beneficios de las asociaciones entre microempresarios y entre
éstos y capitales mayores. –Se trata de unir esfuerzos. Una
empresa grande necesita que sus productos lleguen a todos los
expendios de los barrios del país, y los supermercados no operan
allí. ¿Quiénes los van a distribuir? Las microempresas. Este
tipo de alianza permitió a los cuatro empresarios que estudiamos
sacar su negocio adelante. –¿Cómo es esta relación en cuanto a
costos y beneficios? –Algunas grandes empresas tienen contratos
firmados con microempresas, otras no. Cuando tienen contratos
hay derechos y obligaciones y aunque puede que salga un poco más
costoso la relación es mucho más estable y ventajosa para el
microempresario. Gómez Samper cree que el marco jurídico y legal
en Venezuela no es favorable a ninguna empresa. Si se cuenta con
un gran capital, un abogado resolverá todo. Pero con capitales
modestos no se pueden contratar abogados y el emprendedor tiene
que lidiar con todas las trabas que eso significa, entre ellas
que no le otorguen el RIF si, por ejemplo, vive en un barrio,
donde la mayoría de las viviendas no están registradas. De
acuerdo con Gómez, el Gobierno desde hace 50 años está haciendo
un catastro que aún no termina, de manera que la propiedad en
los barrios no está registrada y no puede, por ende, ser
hipotecada. “Vivimos en un país en el que hay que luchar por mil
motivos, comenzando por la propia seguridad, hasta sacar
adelante un pequeño negocio y sostener a la familia”, sostiene
Gómez Samper.
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MELISSA SALMERÓN /
www.El-Nacional.com
(Venezuela), Miércoles 26 de
diciembre de 2001 |
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