|
Capacitación, una tarea
urgente |
Delegados de 10 países debatieron sus esquemas nacionales
de empleo en Quito. Los profesionales salen de las universidades
con el título bajo el brazo pero no con un trabajo asegurado.
Después de enviar sus hojas de vida sin experiencia y colocarse
en modestos puestos, se percatan que la mayoría de materias que
llenaron de rojo sus libretas, no les sirven en el mercado
laboral y los libros teóricos que los desvelaron solo quedan
como adornos de biblioteca.
La falta de desarrollo de las llamadas competencias, es decir,
las destrezas de un profesional o un trabajador en determinada
actividad económica, margina a muchas personas de empleo.
Para afrontar esta problemática, las entidades de apoyo Cosude,
Swisscontact, el Ministerio de Trabajo y Recursos Humanos, la
Cámara de Industriales de Pichincha y el Proyecto de Formación
Profesional Compartida reunieron a los representantes de las
instituciones de capacitación dirigida de 10 países del
continente. Durante dos días compartieron experiencias y
analizaron la implementación de programas similares en el país.
Argentina abre escuelas
Para Mónica Sladogna, directora del Instituto Nacional de
Educación Tecnológica argentino, en su país se capacitó a 2 000
docentes de 48 escuelas desde la creación de la entidad, en
1995. La idea es "replantear el diseño curricular y la
elaboración de programas didácticos que sirvan para acercar la
oferta formativa a las demandas del mundo del trabajo".
El Instituto de enseñanza técnica media y profesional apoya la
formación: electrónica, automotriz, en turismo, salud, industria
de procesos, construcción y agropecuaria. El Consejo Nacional de
Educación y Trabajo dicta las directrices de los perfiles
profesionales con la participación activa de la sociedad rural,
la
Confederación del Trabajo y gremios docentes. Los estudiantes
deben tener educación primaria para accesar.
Un proyecto es desarrollar un sistema de pasantías. "A los
empresarios no les importa dónde se formó, lo relevante es si
tiene la competencias para cumplir uno u otro rol". El año
pasado se incorporó la primera promoción. "Al inicio tuvimos
dificultades porque había que formar a los docentes en una nueva
lógica pero
la educación se volvió más atractiva".
Colombia da certificaciones
La experiencia colombiana es la más antigua de América, data de
1957. El Servicio Nacional de Aprendizaje (Senati) forma
trabajadores para insertarlos al mercado. Está desarrollando un
sistema nacional de formación en áreas técnica, tecnológica y
profesional y en estandarizar la medición del desempeño laboral.
Su director, Luis Enrique Zúñiga, explica que esto servirá para
medir el nivel de competencia de los trabajadores. Sin importar
sus estudios, las empresas certificadoras de competencias
(destrezas) calificadas por la Superintendencia de Industrias y
Comercio, harán la medición.
"Si la persona es competente, el organismo lo certifica, si no,
se le recomienda seguir nuestros cursos especializados". Los
organismos de certificación, explica, son similares a los que
califican los estándares de la calidad de los productos a partir
de las normas internacionales.
Así, dice, las empresas podrán tener una visión más clara al
momento de seleccionar al personal, ubicación del escalafón y de
la remuneración que pueden ofrecer.
El sistema tiene cuatro años y cuenta con la participación
activa de los empresarios, organizaciones sindicales, sector
educativo y el Gobierno. El Senati ofrece la capacitación de
manera gratuita y se financia con los aportes del dos por ciento
de la nómina de las empresas.
La industria apoyó en Perú
La particularidad del Servicio Nacional de Adiestramiento en
Trabajo Industrial surgió como iniciativa de los propios
industriales ante el poco desenvolvimiento de sus profesionales.
Crearon una entidad propia para formar a sus futuros
funcionarios, con centros en 41 localidades del país, para dar
capacitación técnica a distancia y en unidades móviles.
"Este enfoque está creciendo a nivel mundial no solo en las
instituciones educativas sino también en las empresas porque
requieren los títulos universitarios no reflejan las capacidades
de la persona sino que son la certificación que ha aprobado
algunos cursos teóricos y no saben cuáles son sus competencias
concretas", dijo Jorge Castro, director.
El enfoque está cambiando las universidades. "Los docentes
dictaban clases sin verificar si sus alumnos asimilaban o no y
si esos conocimientos les sirven para llevarlos a la práctica".
Ahora, la acción de las universidades va más allá. "Ellos
averiguan qué oportunidades tienen en el mercado laboral y según
eso los empiezan a formar. Están creando personas más capaces de
actuar en la ocupación que hayan elegido".
|
|
www.elcomercio.com
(Ecuador) Domingo 18 de noviembre de 2001 |
|