Los estereotipos pueden ser benéficos mientras sean
positivos y ayuden a crear la identidad de una universidad
"Como te ven te tratan" reza un dicho popular, y es que la
imagen es parte fundamental de una persona o institución,
entonces aquello del "dime dónde estudias y te diré quién eres",
recae en un estereotipo que se convierte en la etiqueta que
cuelga de cada uno.
En los últimos años, las universidades se han preocupado por
mostrar, tanto a sus alumnos como a sus aspirantes, un rostro
que, más que los anime a estudiar en ella, los impulse a
identificarse con la escuela.
"Es curioso ver cómo cada universidad tiene una imagen muy
definida, y cómo cada universidad captura individuos que van
respondiendo a cierta imagen que la propia universidad
proyecta", señala Víctor Gordoa, Rector del Colegio de Imagen
Pública.
Entonces, el proceso de imagen se retroalimenta, porque el
alumno se convierte en la imagen de su universidad y llevará
esta "marca" aun cuando termine sus estudios.
"La imagen de una universidad se puede detectar a través de sus
egresados y su desempeño dentro de las empresas", comenta
Alfredo Arvizu, Director General de Arvizu, S.A., empresa de
comunicación corporativa.
Los escudos, la publicidad y hasta algunos chistes también son
una forma de imagen de las universidades y, en cierto modo, son
los que más influyen en la creación de un concepto o
estereotipo, por ser los que están más cerca de la gente.
De retroalimentación y estereotipos
Resulta interesante observar cómo los estudiantes son los
portadores reales del concepto que se forma alrededor de una
universidad y, en muchos casos, esta "etiqueta" se lleva en las
actitudes, el modo de hablar y hasta en el vestir.
"Gran parte de la imagen de las universidades se forma por el
tradicional sistema de "de boca en boca", es decir, cuál es la
experiencia específica y concreta que un alumno tuvo en su
universidad", comenta Arvizu.
Así, con el tiempo, las universidades capturan estudiantes que
responden a un perfil específico, lo que le da una mayor
definición al concepto de cada escuela y afirman toda un estilo
de vida que se refleja hacia el exterior.
"Una vez que el estudiante entiende la oferta de la universidad,
decide si estudiará en ella o no y, dependiendo de la imagen que
proyecte, será la imagen que el alumno capture", afirma Gordoa.
Una vez que el estudiante ingresa a la institución educativa,
dice, se encarga de fortalecer la imagen que le mostró la
universidad antes de entrar, ya que está convencido de que
encontrará lo que la universidad le ofreció en un principio.
Con el tiempo será más creíble lo que el estudiante pueda
comentar sobre la institución educativa a la que pertenece, es
como el equivalente a una información noticiosa de un periódico
o una inserción pagada, concuerda Arvizu, quien no descarta que
éstas últimas sean buenas ideas para exhibirse.
Y aunque el posicionamiento de una imagen llega a caer en
estereotipos, Arvizu considera que, mientras éstos sean buenos,
no afectarían de ninguna manera a la institución.
"El estereotipo en las universidades existe y lo tenemos
perfectamente identificado", coincide Gordoa, "ha sido benéfico
para todas las universidades porque atrae un perfil de
estudiante que anda buscando precisamente eso".
Pero algunos estudiantes no están de acuerdo con que se les dé
una misma identidad a todos, porque se cae en el error de
etiquetar a personas que no tienen nada que ver con la imagen de
la institución educativa.
"Yo creo que generalizan sin realmente conocer a las personas
que van a las universidades porque la personalidad varía, creo
que está mal, no me parece bien", señala, Regina Miguel,
estudiante de Psicología de la UDLA.
Un ejemplo y su solución
Gordoa y Arvizu analizan dos instituciones donde los
estereotipos se vuelven muy comunes: la UNAM y el Tec de
Monterrey.
No es un secreto que, después del conflicto en la UNAM, la
imagen de ésta quedó en una posición poco grata, tanto para sus
estudiantes como para todas las personas ajenas a ella.
"La UNAM se convirtió en sinónimo de baja calidad de estudios
por el grave daño que hizo el Consejo General de Huelga", afirma
Gordoa.
Arvizu propone como solución a este problema, buscar la forma de
divulgar el trabajo académico y de investigación que se realiza
en ella, el cual ha llevado a la UNAM a ser la Máxima Casa de
Estudios del País.
En el caso del Tec de Monterrey, señala que éste se encuentra
del lado opuesto y que lo único que requiere es de una campaña
de mantenimiento de su imagen.
Después de realizar un estudio sobre la imagen del Tec, Gordoa
llega a la conclusión de que es "la universidad de los
empresarios".
"Quien entra al Tec es porque quiere estar trabajando en las
empresas, el estudiante va correspondiendo a la imagen creada
por la propia universidad", explica.
Pero ni con una imagen que beneficia a la institución, los
estudiantes están de acuerdo con que se les "etiquete" a todos
de la misma manera.
"Yo no estoy de acuerdo con que se encasille a toda una
organización o una universidad por el trato que tengas con un
determinado grupo", señala Alejandro Díaz, alumno de Ingeniería
Industrial y Sistemas del Tec de Monterrey campus Ciudad de
México.
La fachada cuenta
Cuando un alumno potencial de alguna universidad anda en busca
de la mejor opción para iniciar su carrera profesional, uno de
los principales factores que considera antes de decidir es el de
las instalaciones de la institución educativa.
"A un alumno le gusta más estudiar dentro de un edificio bello y
con excelentes instalaciones, tanto técnicas como decorativas,
que en otro que no las tiene", señala Arvizu.
Este elemento llega a ser tan importante que, la simple fachada
de un edificio, puede dar a los aspirantes una idea de la
educación que recibirán.
"Si (las universidades) no cuentan con instalaciones que
reflejen su seriedad y calidad, aunque tenga éstos últimos
factores, no va a parecer", advierte Gordoa.
Agrega que si a los alumnos no les son satisfechas sus
necesidades mínimas de confort, se corre el riesgo de que el
alumno se sienta incómodo y aumente el nivel de deserción.
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